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Mostrando entradas de diciembre, 2016
Capítulo 3 Lucía, Obsesiva del Pene


Lucía seguía encerrada en el psiquiátrico sin posibilidad de escapar, habían probado de todo para desintoxicarla de los penes, pero su obsesión llegaba a unos límites de la mente incomprendidos.
Los médicos habían optado por darle un consolador para calmar su ansiedad. La habían trasladado al sótano, al pabellón de alta seguridad. No tenían ni idea de lo que podía ser capaz por chupar un pene.
Encerrada entre cuatro paredes y sin ventanas, Lucia disfrutaba chupando el consolador como si fuera una piruleta. Ella era feliz con aquel aparato sustitutivo del miembro viril pero le faltaba algo que un juguete de goma jamás podría sustituir, el olor a polla.
Tumbada en su cama miraba embelesada el consolador hasta que un aroma que conocía muy bien la hipnotizó, el sabor más rico del universo, la polla. Se levantó de la cama y a cuatro patas como un perro anduvo por el suelo hasta llegar a la puerta de su celda. Olfateó la ranura y captó aquel olor tan caracter…
Santísima Trinidad

Caminaba perdida por los callejones apestados del barrio chino de Barcelona, iba descalza con las medias rotas y el labio ensangrentado. Trini era puta, se ganaba la vida chupando pollas asquerosas y miserables. Esa noche fue su último día en la tierra. Había salido a trabajar por las esquinas del barrio, buscando a fulanos con ganas de sexo o una mamada. Era la historia de siempre, diez pavos a cambio de que se la metieran en mitad de la calle o por chupar una polla con olor a sudor y a orina.

Aquella noche, una patrulla de mossos 
d´esquadre la pararon y le pidieron la documentación. Les enseñó su identidad pero los agentes sin alegar nada la detuvieron en contra de su voluntad y la llevaron a comisaria. No por ejercer de puta, si no por puta. Tenían ganas de follar y que mejor, utilizar a la escoria marginada de la sociedad y así aprovecharse de su mala situación.

La desnudaron entera y ataron sus muñecas con esposas a la espalda. Trini estaba acostumbrada a las vejac…
LA RATERA DE LA BOLA 8

Verónica Montoya era una joven sin estudios criada en el Charco la Pava de Sevilla, toda una vida vendiendo bragas con su familia en el mercadillo. Hasta que se permitió soñar con una vida mejor. La única manera de conseguirlo era delinquiendo, solo conocía ese camino y el más fácil encontrar su propósito.
La joven mestiza tenía dos puntos a su favor, la belleza gitana con cuerpo exuberante y las horas muertas en los salones de juego recreativos. De pequeña se pasaba parte del tiempo con sus primos los tostaitos jugando al billar y se convirtió en toda una profesional. Dejó la vida del mercadillo y se fue a vivir a Barcelona a casa de una prima hermana. Se instaló en el barrio la Mina, una barriada muy conocida por su cultura gitana. Vero tenía muy claro hasta donde quería llegar.
Un año después…
Actualmente, vive en una bonita casa en Ibiza a dos pasos de la playa. A base de robar a los demás se había creado un imperio, todo gracias a la bola ocho, la reina del jueg…
LA ORGÍA DE MOSCAS EN UN COÑO HÚMEDO

Paqui y Paco eran dos moscas fumetas, adictas  a las colillas de los baños de las gasolineras. Una noche tras estar chupando ceniza, volaron muy colocadas hasta el surtidor de gasoil. Allí se encontraban, "Las patitas de la Anarquía", un club de moteros de moscas muy perversas.

El matrimonio mosquil, Paqui y Paco, se reunieron con ellos para emborracharse de alcohol negro. Bebieron de un charquito todos juntos, iban muy colocados y excitados. Empezaron a frotarse las patitas para iniciar la danza de apareamiento entre ellos, pero solo había una cosa en el mundo que les gustaba más que el sexo, la moñiga.

Catulo, una de las "patitas de la Anarquía", no tenía pareja mosca, salió a dar una vuelta mientras sus amigas copulaban. Sobrevolando la gasolinera, vio las puertas de una furgoneta abierta. Dentro, había una puta con el culo en pompa y con las bragas bajadas. Se fijo en su gran ano con olor a moñiga y para postre tenía el coño…
LA VERDADERA HISTORIA DE LA COLITA DE LOLA

Lola es una mujer soltera aburrida del sexo convencional. Siempre era lo mismo, abrirse de patas y dejar al tío empujar. Necesitaba nuevas emociones y se había comprado un libro titulado "Como gozar sin hombres".

Había leído el libro dos veces sin dar crédito a las cosas que leía. Decidió dar el primer paso y comprar una colita en una tienda virtual erótica. Aquel juguete llegó, era de pelo de zorro y muy suave al tacto. Las instrucciones estaban claras, había que meterla por el ano. Cayó en la cuenta de que no había comprado lubricante, así que utilizó aceite virgen extra para lubricarlo. Con miedo metió la colita, había utilizado tanto aceite que resbaló sin ningún problema. Se sintió invadida pero a la vez le fue despertando zonas que no conocía.

Emocionada, desnuda y muy cachonda, salió al pasillo a mirarse en el espejo, parecía una gatita. Juguetona, movió el trasero bailando en círculos. Bamboleando el culo regresó a la cocina…