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Miradas en el Jardín de los Naranjos 



Lucía paseaba por el Jardín de los Naranjos en Roma, capturando con su cámara fotográfica el ambiente romántico de todos aquellos enamorados que expresan su amor libremente.

En uno de esos instantes, de fotografiar a las parejas, su mirada se cruza, a través del objetivo, con unos ojos color miel que la cautivan al instante. Intrigada por aquella mirada solitaria, aparta la cámara para poder ver al dueño de aquellos increíbles luceros. Pero como un susurro en el viento lo ve alejarse.

Lucía, curiosa y hechizada por la belleza de ese hombre, decide seguir los pasos del desconocido. A lo lejos, ve como aquel hombre de mirada penetrante entra en una casa vieja con la fachada de piedra.

Decidida a llegar hasta el final, pasa sin ser invitada. Al fondo, había una habitación con luz roja. Expectante sigue el camino por un largo pasillo oscuro. Al llegar, entra despacio observando todo a su alrededor. Se da cuenta que es un cuarto de revelado para fotografías. Colgadas, en una cuerda de tender, hay varias fotos suyas desnuda saliendo de la ducha.

En ese momento, siente una necesidad imperiosa de huir al darse cuenta que la situación se está volviendo peligrosa. Con la respiración agitada, da un paso atrás chocando con un cuerpo duro. Sabe que es la presencia del desconocido. De pronto unas manos fuertes se meten por debajo de su jersey para acariciar sus pechos. Lucía sin poder contenerse, siente el deseo irremediable de quedarse para jugar con aquel hombre misterioso.

Él roza su oreja con su aliento para susurrarle, “No temas, pues soy un curioso que fotografío la intimidad de las personas, como haces tú con la intimidad de las parejas clandestinas en el Jardín de los Naranjos”.

Lucía deja de sentir miedo para dejar paso a la excitación. Sin ningún pudor se desnuda para su admirador. Se gira para quedar expuesta frente a él y ofrecer su cuerpo. El hombre observa con deseo cada parte de la figura de Lucía, sus pequeños pechos, sus sonrosados pezones, su pubis bien rasurado, incluso sus piernas largas y bien definidas. Excitado, abre su bragueta para liberar su miembro empalmado. Se acerca a ella para penetrarla. Se miran, se desean y acaban dejándose llevar por la pasión del momento entre gemidos de placer hasta alcanzar el clímax. Desde ese día, Lucía solo fotografía a Eric. El desconocido que le desató la pasión.

Disponible en Amazon
Link: relinks.me/B01G7RDANS

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Comentarios

  1. Hola Katy, soy el Dr. Luis Alberto Navarrete Obando de Cajamarca, somos amigos en youtube, google y blogspot; he leído algunos de tus relatos y me parecen muy fascinantes y eróticos, por algo te dedicas a esa especialidad de la novela (relatos), investigador379@gmail.com; te he enviado por hotmail algunos vídeos, un poema y un relato erótico, espero sea de tu agrado (navarrete_abog142@hotmail.com).-

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