LA VERDADERA HISTORIA DE LA COLITA DE LOLA
Lola es una mujer soltera aburrida del sexo convencional. Siempre era lo mismo, abrirse de patas y dejar al tío empujar. Necesitaba nuevas emociones y se había comprado un libro titulado "Como gozar sin hombres".
Había leído el libro dos veces sin dar crédito a las cosas que leía. Decidió dar el primer paso y comprar una colita en una tienda virtual erótica. Aquel juguete llegó, era de pelo de zorro y muy suave al tacto. Las instrucciones estaban claras, había que meterla por el ano. Cayó en la cuenta de que no había comprado lubricante, así que utilizó aceite virgen extra para lubricarlo. Con miedo metió la colita, había utilizado tanto aceite que resbaló sin ningún problema. Se sintió invadida pero a la vez le fue despertando zonas que no conocía.
Emocionada, desnuda y muy cachonda, salió al pasillo a mirarse en el espejo, parecía una gatita. Juguetona, movió el trasero bailando en círculos. Bamboleando el culo regresó a la cocina. Apoyó los codos en la isla y se pellizcó los pezones excitada sin dejar de menear el culo. La humedad en su rajita era evidente, tenía el sexo palpitante y ardiente.
Extasiada en su placer, golpeó, sin querer, el tarro de la mermelada, manchando su cuerpo y su sexo. Quiso recogerlo pero resbaló al suelo, cayó de culo y la colita se clavó más.
Lola quedo sentada en el suelo con las piernas abiertas y sintiendo placer y dolor. De pronto, su perro, sin esperárselo, se colocó entre sus piernas y lamió su rajita dando intensos lametones. Estuvo a punto de apartar al perro pero cuando sintió un hormigueo muy placentero en el vientre la dejó hacer.
Se tumbó en el suelo abriéndose de piernas completamente y dejó al animal chupar gustoso. Lola se tocó los pechos y levantó las caderas en busca de placer. No tardó en encontrarlo y más con la colita en su ano.
Lola se corrió gritando como una perra, se quedó lacia en el suelo con el perro recogiendo con la lengua la prueba de su felicidad.
Lola es una mujer soltera aburrida del sexo convencional. Siempre era lo mismo, abrirse de patas y dejar al tío empujar. Necesitaba nuevas emociones y se había comprado un libro titulado "Como gozar sin hombres".
Había leído el libro dos veces sin dar crédito a las cosas que leía. Decidió dar el primer paso y comprar una colita en una tienda virtual erótica. Aquel juguete llegó, era de pelo de zorro y muy suave al tacto. Las instrucciones estaban claras, había que meterla por el ano. Cayó en la cuenta de que no había comprado lubricante, así que utilizó aceite virgen extra para lubricarlo. Con miedo metió la colita, había utilizado tanto aceite que resbaló sin ningún problema. Se sintió invadida pero a la vez le fue despertando zonas que no conocía.
Emocionada, desnuda y muy cachonda, salió al pasillo a mirarse en el espejo, parecía una gatita. Juguetona, movió el trasero bailando en círculos. Bamboleando el culo regresó a la cocina. Apoyó los codos en la isla y se pellizcó los pezones excitada sin dejar de menear el culo. La humedad en su rajita era evidente, tenía el sexo palpitante y ardiente.
Extasiada en su placer, golpeó, sin querer, el tarro de la mermelada, manchando su cuerpo y su sexo. Quiso recogerlo pero resbaló al suelo, cayó de culo y la colita se clavó más.
Lola quedo sentada en el suelo con las piernas abiertas y sintiendo placer y dolor. De pronto, su perro, sin esperárselo, se colocó entre sus piernas y lamió su rajita dando intensos lametones. Estuvo a punto de apartar al perro pero cuando sintió un hormigueo muy placentero en el vientre la dejó hacer.
Se tumbó en el suelo abriéndose de piernas completamente y dejó al animal chupar gustoso. Lola se tocó los pechos y levantó las caderas en busca de placer. No tardó en encontrarlo y más con la colita en su ano.
Lola se corrió gritando como una perra, se quedó lacia en el suelo con el perro recogiendo con la lengua la prueba de su felicidad.

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